
Estamos en Bamako, la capital de Mali, desde hace cuatro días. Yo soy la primera de las cuatro directoras (Chus Gutierrez, Laura Mañá y Patricia Ferreira, son las otras) que vamos a rodar un cortometraje cada una para el encuentro “Mujeres por un mundo mejor”: una reunión para el intercambio de experiencias, la colaboración y el hermanamiento de las mujeres españolas y africanas.
Mi historia se titula “La radio de Batuma” y relata como una niña de doce años, cuyo único bien es una radio, ayuda a su madre a crear una cooperativa de mujeres dedicada a la comercialización de la manteca de karité. El karité, que aquí se llama “chii” es un árbol salvaje lo cual tiene una ventaja enorme para las mujeres: no tienes que ser propietaria de la tierra donde nace para utilizar su frutos (las mujeres en este país no poseen la tierra que cultivan, es de sus padres, maridos o hermanos). La industria del chii (que significa vida) ha dado autonomía y una posibilidad de futuro a muchas mujeres.
Como os podéis imaginar rodamos gran parte del material en el campo (la sabana africana). Es un paisaje amable, que atraviesan bellísimos caminos de arena roja, sembrado de cacahuetes y mijo. Las condiciones de vida de mis “actrices” son espeluznantes: ayer una de ellas dio a luz inesperadamente y, tras llevarla a una “maternidad”-colchones de latex, la luz de una bombilla temblorosa-ninguna condición higiénica-supimos que era su tercer hijo ¡a los 17 años!
El equipo español- director de foto-sonidista-una persona de producción-un ayudante de cámara y yo-pasamos horas, en las demenciales carreteras a Bamako, discutiendo sobre el respeto a las diferencias culturales y la “mirada occidental”. Yo lo tengo clarísimo: los derechos humanos ¡derechos de las mujeres! lo son para todo el mundo. Y no hay tradición cultural ni otras gaitas que pueda justificar la crueldad y falta de derechos de las mujeres.
Las que veis en la foto son campesinas de la zona de Sibi. Gracias a ellas he vivido un momento inolvidable: cuando rodábamos su camino de regreso al pueblo tras la recolección del karité, les pedí que cantasen una canción. Atardecía y esa mujeres, cargadas con sus cestas, entonaron juntas una canción tradicional que habla del placer del trabajo bien hecho. Fue uno de los momentos más emocionantes de mi vida. ¡Saludos a todas desde Africa!