
FESTIVAL DE CINE AFRICANO (TARIFA)
¿QUÉ CUENTAN LAS PELÍCULAS SOBRE LAS MUJERES AFRICANAS?
Tarifa es un mirador único para ver África. El continente “negro” se dibuja con claridad en la otra orilla del mar, su silueta es increíblemente nítida vista desde el puerto o los caminos que parten de la “plaza de los vientos”. Parece muy cercano, dan ganas de irse nadando a Tánger.
Pero además, durante los días del festival se puede ver, a través de sus películas el retrato de África que hacen sus cineastas. Un retrato, por cierto, complejo, poliédrico, que abarca tanto historias urbanas como rurales, contemporáneas e históricas y en todos los géneros, desde la comedia con elementos de realismo mágico al cine de autor más puro y duro.
Yo estaba allí como presidenta del jurado de ficción y una pregunta despertaba mi curiosidad desde que llegué: ¿Y las mujeres? ¿Cómo aparecerán retratadas? ¿Habrá buenos personajes femeninos? ¿Protagonistas? Me apetecía mucho conocer la realidad de las mujeres africanas ¿a qué se dedican? ¿Qué conflictos afrontan y cómo los resuelven?
Haré un retrato rápido de los que vi. En una mayoría aplastante de películas (por lo demás, muy interesantes) los protagonistas eran masculinos: un atleta, el etíope Abebe Bikia, verdadero héroe nacional; un topógrafo que trabaja al este de Argelia, un bibliotecario sudafricano, un médico e intelectual comprometido etíope, y un soldado de los cascos azules de la ONU.
En los casos en los que el protagonismo era compartido por un grupo observé lo siguiente: si la historia trataba de un matrimonio de actores buscando trabajo, ella estaba enferma y era él el que solucionaba la situación. Si se trabaja de una pareja que trabajaba en la televisión el sometido a presión era él: para ascender debía convencer a su mujer de que no fuese tan comprometida. Pero lo más interesante sucede en la película Harragás, magnífico retrato de un grupo de amigos que se embarcan en una patera para llegar a España. Los amigos son tres pero al suicidarse uno de ellos, su hermana decide ocupar su lugar. Se supone que el de la hermana es un personaje “fuerte”. Toma una decisión arrojada y lo hace pese a la opinión de su novio, sus amigos y familia. Pero ¿qué sucede con ella desde que toma esta decisión? Mientras sus compañeros de viaje se encargan de conseguir un navegador para el viaje y de contactar con el organizador, ella se ocupa de “cocinar” para alimentar al grupo. Un vez en la patera, son ellos los que saben navegar y ella sólo sirve para que su “belleza” (es muy guapa, desde luego) cree problemas. De hecho, como descubriremos al final de la película, ella ha sido la causante de los problemas en el grupo de amigos; el deseo que despierta les ha dividido (más que las diferencias ideológicas, por cierto, ya que el amigo del que se han distanciado es un radical islamista) pero lo más “tremendo” aún está por llegar: cuando hay que tirarse al agua, resulta que ella es incapaz de nadar sin agotarse y su novio debe remolcarla hasta la orilla.
¿Y las películas con protagonistas femeninas? Una de ellas, “Mujeres del Cairo”, retrata a un grupo de jóvenes egipcias que heredan una tienda. ¿La historia trata de cómo sacan adelante el negocio? ¡No! Trata de cómo se pelean entre ellas para ligarse al dependiente. Ramada, otra película interesante con protagonista femenina relata la historia de una mujer que abandona a su marido y dedica su vida a ¡esperar que regrese y la ame el hombre que la violó! Esta película contiene alguna secuencia realmente chocante: la violación no es especialmente tremenda, el hombre que la ha secuestrado la arroja sobre un catre y en tres segundos “se la folla”. Lo bestial es la continuación: ella explica a su marido que ha conocido “la pasión” y que no puede seguir viviendo sin el hombre al que ama, ¡el violador de los tres segundos!
Nadie piense, por favor, que este tipo de historias no se cuentan en el cine europeo: bien al contrario las historias de mujeres violadas que redescubren, gracias a su violador, la vida y la pasión son bien frecuentes, como lo son aquellas de las mujeres peleándose por un mismo hombre o las de las que necesitan ser “auxiliadas” por un hombre para nadar, correr, saltar, o simplemente sobrevivir.
Excepciones: tres películas. Una de ellas es una espacie de “vidas cruzadas”, “Imani”. En esta película una de las historias retrata a una sirvienta atrapada en una situación complicada, habla de la violencia masculina, de lo injusto, de la desprotección y crueldad. La otra, Dowaha, es un inquietante retrato de tres mujeres viviendo como “okupas” en un caserón abandonado, de nuevo retratos femeninos complejos, inquietantes, inesperados. La tercera habla del dolor de una niña que ha perdido a su madre y es ahora una adolescente que pinta su desgarro en las paredes de la ciudad.
Estas tres últimas son películas dirigidas por mujeres: tres frente a trece (una proporción que ya conocemos bien) y son las únicas que hacen justicia a la complejidad de las mujeres.
Tampoco levantemos las campanas al vuelo: de las tres historias de Imani sólo una tiene como protagonista a una mujer, en From a Whisper (la historia de la niña huérfana) los protagonistas masculinos tienen un peso fundamental (ella es víctima, los otros los que actúan) en Dowaha las tres mujeres son seres marginales, extravagantes y locas (¡vaya por Dios, en la ficción parece que los personajes femeninos no convencionales siempre tienen que ser chifladas!)
Es curioso, si no hubiese pertenecido a CIMA, si no llevase varios años observando nuestra profesión con una mirada feminista, si no hubiese escuchado a las actrices explicar la falta de personajes femeninos interesantes, jamás me hubiera dado cuenta de todo esto…me hubiese marchado de Tarifa sólo con la impresión de que el cine africano es muy interesante. Ahora soy consciente de que lo es, sin duda, pero lo más interesante y preocupante es que una y otra vez ocurra lo mismo en todo el mundo: que no se nos retrate a las mujeres como somos y no se dibujen nuestras posibilidades. Terminaré con una buena noticia: ¡cuánto queda por contar!
Inés París