
La cineasta mantuvo un encuentro con el público, tras la proyección de la película “Mataharis” en la Academia de Cine, dentro del ciclo dedicado a su filmografía. En él habló de la situación de la mujer en el audiovisual, recordó los inicios de su carrera y recordó momentos de sus películas.
“Durante un montón de décadas en España había solo tres directoras, pero en los años noventa gracias a la Ley Miró comenzaron a trabajar casi una treintena. Años después en festivales nos dimos cuenta de que no había relevo y, hoy por hoy, en CIMA ya somos casi 300 cineastas, y sí que hay un debate creativo e interdisciplinar muy relevante”, sentenció la cineasta Icíar Bollaín durante el encuentro que mantuvo con el público en la Academia. La directora de “También la lluvia” añadió: “Teníamos la sospecha de que el cine que vemos tampoco representa a la mujer, y un estudio de la Universidad Complutense hizo que esta sensación amarga se convirtiese en realidad. Nos guste o no, el audiovisual construye el imaginario colectivo, y si no se refleja ahí la igualdad de la mujer mal vamos”.
Icíar Bollaín recordó, en su encuentro con el público, sus primeros pasos en el cine, cuando era una niña actriz en películas de grandes maestros españoles, como Víctor Erice o Manuel Gutiérrez Aragón, a los que llamaba ‘los barbudos’. Desde entonces han pasado años y unas cuantas películas, y aquella jovencísima actriz se ha convertido en una cineasta de referencia de nuestro cine, con siete largometrajes a sus espaldas. “Hacer ‘El Sur’ con tan solo 15 años fue una sorpresa, y en el rodaje no me daba cuenta ni de pasada de lo que aprendía, como lo de trabajar con niños. Víctor Erice creaba un lugar muy especial para nosotros, tenía una regla de oro: ‘nadie da a los niños más órdenes que yo’, y era lógica porque ellos se desconcentran si muchas voces aportan aspectos diferentes”, dijo la cineasta, que añadió: “Ahora todo ha adquirido más velocidad, los niños ya no ganan Goyas, pero cuando yo trabajaba tampoco lo hacían y no pasaba nada”.
En el acto, Bollaín rememoró el rodaje con Ken Loach de “Tierra y libertad” y aseguró que aquel trabajo “fue deslumbrante por la independencia que nos daban. A veces incluso no sabíamos que estaban rodando, o nos enterábamos que alguien moría a la vez que se filmaba. Para mí fue una película de referencia sobre muchas cosas que se pueden hacer, como el sonido pisado”.
La directora, guionista y actriz se refirió también a sus propias películas y a su manera de trabajar. De su ópera prima, “Hola ¿estás sola?” aseguró que la escribió sin tener “más nociones del oficio que como lectora. Después me di cuenta que sí, que se aprende solo con el estudio del arco de tu personaje”. Respecto de los ensayos confesó que intenta no abusar de ellos, “no vaya a ser que pase algo y la cámara no esté. En el rodaje trabajo para que las cosas ocurran, que no se actúe, que en la medida de lo posible se viva. A veces filmo algo más de diálogo por delante y por detrás de la escena que me interesa para que surja la emoción que persigo”.
Icíar Bollaín explicó que una de las cosas que más le gustan del proceso del cine es el montaje, porque “es la cocina. Te llevas los mejores ingredientes que tienes y empiezas a crear, de algún modo es como volver a rodar, o como tener una piedra e ir esculpiendo”. Tanto se involucra en este ‘segundo momento de creación’ que ha llegado a cambiar en el montaje el final de todas sus películas. Trabajos que ha ido compaginando con su condición de madre, “cuando rodé ‘Te doy mis ojos’ tenía un hijo, por lo que me fui a vivir a Toledo, cuando tuve el segundo me quedé en Madrid e hice ‘Mataharis’, y ahora que ya están más crecidos puedo escaparme a Bolivia o a la India a trabajar en mis proyectos”.



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